Viajar para crecer

La demanda de turismo espiritual está en auge

Guatemala es un país de grutas, ríos, volcanes y montañas con encanto, pero no solo en el sentido mercadológico de la frase. Entre las distintas tradiciones orales del país se comparte que las montañas “tienen encanto” y “tienen dueño” para dar a entender que en ella habitan otros seres; por lo general, relacionados con el nagual a quien hay que pedir permiso para ingresar y para no perderse. Cientos de historias dan cuenta de la relación espiritual y mágica que se establece en el país con la naturaleza a través de verla, oírla, olerla y sentirla.

Viajar por razones de turismo es una de las actividades humanas más placenteras para las personas. Según la Organización Mundial del Turismo, durante los primeros nueve meses de 2016, 956 millones de turistas deambularon por el mundo, lo que supone un incremento de 34 millones de personas más que en el mismo período de 2015.

Hay turismo de negocios, ecológico, de entretenimiento, cultural, culinario, de salud y rutas específicas como la ruta de los Andes, o la ruta de la seda, entre otros. Entre esas hordas de turistas también hay quienes buscan otro tipo de viaje y de encuentros, más cercanos, más íntimos y espirituales.

Raúl Palma, experto en turismo.

Raúl Palma, experto y doctorado en turismo comenta que, esta es una tendencia que convive muy de cerca con el turismo religioso, la que mueve anualmente a millones de personas en peregrinaciones. A diferencia del turismo religioso, el espiritual está más enfocado, como afirma Claudine Chaspoul, a ser “un medio para el individuo de acercamiento a Dios”. Mientras que, en el turismo religioso el turista está inmerso en multitudes, líderes religiosos y ritos establecidos. Palma añade que, es desde el turismo religioso que se desprenden otras iniciativas como la mencionada.

Para Palma, el ejemplo más significativo es el de la Ruta de Santiago, que posee como destino a Santiago de Compostela, en España, el que ha sido centro de peregrinaciones desde el siglo XI, que se constituye en una serie de rutas con distintos puntos de partida que convergen en su destino.

La transformación de esta ruta es modélica porque ha pasado de ser un sitio de peregrinación católico a ser una ruta en la que los peregrinos se enrolan para hacer un crecimiento personal, pero no necesariamente vinculado con la doctrina cristiana. Más bien, el viajero busca hacer una experiencia personal y de paso estar más consciente de la naturaleza en cualquiera de sus planos y manifestaciones, del impacto que se hace sobre el entorno y del viaje en sí mismo, añade Palma. El experto enfatiza en el caso de Paulo Coelho, “a quien la gente o lo ama o lo odia”, y quien en “El Peregrino” relata su experiencia de crecimiento personal, con la que sus lectores se sienten identificados. Palma afirma que, en el caso de Guatemala el mercado del turismo espiritual posee una tendencia a crecer ya que, internamente hay una creciente cantidad de turistas nacionales que quieren “experimentar”, estar en contacto con la naturaleza, meditar, comer saludable y alejarse de las multitudes y de las comodidades convencionales.

Añade que, internacionalmente se reconocen en Guatemala a sitios de importancia para este segmento, tales como Tikal, el lago de Atitlán, los Cuchumatanes, u otros sitios ceremoniales. Lo que hace falta es posicionar y ofrecer más. “No es algo de moda, sino hechos que están ocurriendo. Hay interés por el reiki, por la espiritualidad maya, por el yoga y por la meditación, y este es un nicho de mercado que se debe atender con seriedad”, comenta Palma.

El experto, quien está realizando su tesis doctoral en este tema, se vinculó con Juan Carlos Zetina y Silvia Cordón, de Gente, quienes facilitan espacios de encuentro espiritual a través de talleres y terapias en los que confluye diversas experiencias y han dado forma a una iniciativa de turismo espiritual que comenzó porque, señala Zetina, “Raúl me comentó que sería bonito hacer una excursión al volcán acompañado por un guía espiritual y hacer una meditación, y que le encantaría combinar el turismo con la parte espiritual”.

En Guatemala se realizan diferentes actividades de turismo espiritual.

A partir de esta idea se embarcaron en diseñar una prueba piloto con dos viajes a Iximché, bajo la premisa de que “el destino es el viaje en sí mismo y no la meta”, afirma Zetina.

Estos viajes, en los que participaron personas entre los 20 y los 75 años, los realizaron con personas en proceso de búsqueda espiritual y que han asistido a reuniones organizadas por Zetina y Cordón en Gente. El grupo se moviliza en un solo bus para crear comunidad y conocer a otras personas que están en la misma búsqueda. El recorrido “hace eco y las personas descubren en el otro situaciones que tú mismo estás pasando y no te das cuenta”, recalca Zetina. Además, se trata de soltar el control, dejar que las cosas pasen y confiar en la energía del grupo, añade Cordón. Los viajes incluyen alimentación saludable.

En el primer viaje “una de las participantes empezó a sentirse mal; pero, ella misma se dio cuenta, a través de la naturaleza y la meditación, que los malestares que sentía estaban relacionados con el tema espiritual del paseo”, cuenta Zetina. Por ello, es importante, que se posea apertura para comprender, sintonizar y entrar en la sincronía de que, todo lo que pasa va mostrando algo a los participantes.

Tanto para Cordón como para Zetina se debe contar con la apertura mental y espiritual para ver más allá de lo evidente y darse cuenta de lo que la naturaleza dice a través del viento, de las hojas, de los sonidos o de los animales, porque “el efecto de la naturaleza y los símbolos con los que habla evocan elementos ancestrales”. De lo contrario, añade Cordón, “si una persona no va con esa apertura lo que puede pasar es que no pase nada, lo que es respetable. Ya que se respeta lo que el otro está viviendo, su creencia y su experiencia”.

Juan Carlos, Zetina, director de Gente.

“A los centros ceremoniales, montañas o bosque se les debe pedir permiso para entrar y estar. En este caso, para reconectarse con la naturaleza y, además, para hacer una meditación por las personas que murieron en el área durante el conflicto armado. Aunque las meditaciones pueden ser iguales en cualquier lado es importante conectarse a las culturas ancestrales de cada lugar”, afirma Zetina. En este sentido, se busca que siempre haya relación con, por ejemplo, la elaboración de vasijas y la madre tierra.

Cordón y Zetina recalcan la importancia de que esta experiencia esté desligada de un culto religioso o de una secta y, por eso, a partir de las experiencias pasadas, ofrecen información previa para que quienes quieren unirse sepan que deben “estar abiertos a otras formas de expresión con lo espiritual”, afirma Cordón.

Palma señala que, para el cambio de comportamiento es importante que las personas entren en un entorno natural que transmita paz, energía y que permita conocer otro tipo de experiencias donde puedan decir “con este viaje crecí”.

Lugares sagrados en Guatemala

  • Volcán Santa María, en Quetzaltenango
  • Lago de Atitlán, en San Pedro la Laguna, Sololá
  • Torib´, en Chisec, Alta Verapaz
  • Sa´laguna en Bolonco, Fray Bartolomé de las Casas, Alta Verapaz
  • Bijolom, en Nebaj, El Quiché
  • Kajuyub´, en Rabinal, Baja Verapaz
  • Nim Sab´al, en Momostenango
  • Q´anil, en Jacaltenango, Huehuetenango Chi B´atz´, en Tactic, Alta Verapaz
  • Kajib´Ajpu´, en Patzún, Chimaltenango

Palma cree en el potencial que tiene el país para el desarrollo del turismo espiritual pero también reconoce que el turista interno guatemalteco tiene “miedo” de lo que pueda pasarle y eso limita su movilización, aunque también reconoce que, por ejemplo, no se puede todavía promocionar una red de veredas y caminos espirituales debido a los riesgos que se pueden correr por la violencia y la desconfianza hacia los extranjeros en algunos lugares. Sin embargo, Palma confía en la generación joven para, quien este tipo de turismo resulta interesante.

En el futuro, los impulsores de la idea pretenden diversificar los grupos y, en un primer momento, no mezclarlos para respetar las experiencias individuales y programar nuevos lugares de visita y definirlos en relación con los temas de crecimiento espiritual a trabajar. Además coinciden en que les gusta la idea de ayudar a que las personas salgan de su zona de confort, que se muevan, que crezcan emocional y espiritualmente, que se percaten de la importancia de su vida y que se expongan a nuevas situaciones.

 

Roberto M. Samayoa O.
Periodista
Revista GERENCIA
editorialgerencia@agg.org.gt

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