La inseguridad adopta nuevas formas en Guatemala

Las empresas deben afrontar costos extras que les quitan competitividad

Los asaltos y las extorsiones se han convertido en los principales flagelos que afectan a las personas y a las empresas en Guatemala, particularmente a las micro, pequeñas y medianas compañías -el 90% de las que hay en el país, y en especial en las mayores áreas urbanas, según se desprende de los análisis de especialistas en el tema.

Jaime Matus, Presidente de la Cecoms.

La violencia e inseguridad restan competitividad al país, además de impactar de manera negativa en la atracción de inversión, señala una encuesta realizada entre empresas el año pasado por la Unidad Económica del Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (Cacif).

Flagelos

En la actualidad, en la inseguridad que afecta a los negocios en Guatemala hay dos flagelos: la extorsión y los asaltos, afirma el presidente de la Cámara Empresarial de Comercio y Servicios (Cecoms), Jaime Matus. Mientras la primera está destruyendo a las mipymes, en los comercios establecidos los seguros ya no cubren los asaltos pequeños, de cantidades por debajo de los Q1 mil, agrega el empresario.

Jorge Jacobs, conductor del programa Libertópolis.

El mayor problema es el de las extorsiones, porque es menos lo de asaltos o robos. Aquel delito afecta a todas las empresas, y aunque probablemente se piensa que las empresas grandes lo sufren poco, les sucede en la calle, con sus vendedores o distribuidores que se enfrentan a los extorsionistas en colonias, barrios o aldeas, asegura Jorge Jacobs, conductor del programa de análisis y debate Libertópolis.

Quienes menos sufren las extorsiones son los bancos, pues los criminales buscan la víctima más fácil, y se da más en los centros urbanos que en un pueblo, agrega Jacobs.Para Juan Pablo Pira, investigador de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asíes), los sectores productivos que más protestan son los de industria y de maquila, por el número de autos o de guardias de seguridad que deben contratar. Cada transporte, de la ciudad de Guatemala al Puerto Quetzal, por ejemplo –unos 100 kilómetros-, significa entre Q800 y Q1 mil más de lo normal, afirma.

Los datos proceden de las encuestas empresariales que realiza Asíes a firmas en todo el país, señaló el analista. El instrumento, además, indicó Pira, revela que durante los últimos tres años, contrario a lo imaginado, el gasto en seguridad fue más alto antes.

 

Juan Pablo Pira, de Asíes.

Un informe reciente del Banco Mundial reveló que el transporte de mercancías en Centroamérica afronta serios obstáculos debido al alto nivel de inseguridad vial y, por lo general, los empresarios deben costear la presencia de un guardia armado que acompañe al camión durante el trayecto.

Para las grandes compañías, la seguridad representa entre un 3% y un 4% de sus costos operacionales mientras que para las pequeñas empresas, este número puede llegar a duplicarse, indica el estudio.

De las empresas entrevistadas por Asíes, el 40% menciona algún gasto en seguridad, desde mínimo hasta más del 40% de sus costos operativos. El promedio en 2014 estaba en 17% para el total de las empresas formales; en el 2015 estaba en 15%, y en 2016, en 12%.

Walter Menchú, del CIEN.

Competitividad

En el Índice de Competitividad de 2016, Guatemala aparece en el lugar 25 de los países en estudio donde los gastos en seguridad son más altos en relación con el Producto Interno Bruto (PIB), ya que le costaba el 15% del PIB según esa metodología, es decir, unos US$19 mil 500 millones, afirmó Walter Menchú, investigador del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (Cien).

El per cápita anual, el año pasado, costó alrededor de US$1,200, según ese instrumento del Banco Mundial.

En 2014, ese indicador reflejó que el costo por seguridad en Guatemala era del 9% del PIB; en seguridad privada, el 1.8%, en costos de empresas en cuanto a robos, como contratar equipos y policía privada. Esto significó alrededor de US$1,500 millones, afirmó Menchú.

La mayoría de empresas invierten en seguridad hasta un 40% de sus ingresos.

Al investigar la extorsión abarca muchas formas, y el problema es que no se la puede fácilmente si se es muy expuesto. Esto es más claro en los negocios micro, como alguien que tiene un puesto en el mercado. Igual pasa con los transportistas, que tienen una ruta establecida y no se puede cambiar. También con las distribuidoras de consumo masivo: en algunas regiones ya no llegan los camiones, sino que subcontratan transporte, lo que encarece los precios.

Pero el descenso, advierte Menchú, no es porque sea menos gente la que gasta, sino que se está gastando menos en el rubro de seguridad.

En este sentido, el promedio de gasto de seguridad de la mayoría de empresas hasta un 40% de ellas, según Asíes- asciende al 10%, coinciden los especialistas.

Ese 10% que va a seguridad ya está incluido en lo que se paga por otros tributos, se queja Matus, de Cecoms, quien lamenta que el gobierno actual haya decidido sacar a los soldados del apoyo a la Policía Nacional Civil para tareas de vigilancia, además de que los criminales cada día se especializan más y suelen migrar a regiones ajenas a su lugar de origen.

Otras consecuencias de la violencia difíciles de medir son las relacionadas con el abandono del trabajo o cambio de domicilio debido a extorsiones y el impacto para una familia que muera la cabeza del hogar debido a un hecho violento.

Soluciones hay pocas y todas demandan un enorme esfuerzo del Estado y de los sectores involucrados.

Para Menchú, se debe fortalecer la persecución penal, la capacidad de investigación de la PNC y detener a las bandas de crimen organizado. Matus demanda que se reinstale de inmediato el apoyo del Ejército a la seguridad ciudadana, como solución de corto plazo contra esos flagelos.

Antonio Girón
Colaborador
Revista GERENCIA
editorialgerencia@agg.com.gt

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