Decididas a cambiar su vida

Para muchas mujeres emprender un negocio propio es la única puerta al desarrollo

Cada día son más las mujeres que obtienen ingresos de sus emprendimientos.

En Chiquimula existía un comedor sin nombre el cual cerró no por falta de éxito sino porque su dueña, Ana Octavila díaz, sabía que sería un negocio temporal. Octavila, madre de Emilio José y Luis Andrés, de 15 y 13 años, ya había llegado lejos al obtener un bachillerato, pero ella quería más y obtuvo un profesorado en Educación Ambiental, luego comenzó a trabajar con un grupo de amigas en la elaboración de artesanías, “para poner en práctica lo aprendido”.

El grupo de amigas se convirtió en la Red de Mujeres Emprendedoras de Chiquimula en la que actualmente trabajan veinte mujeres. Jocotán es ahora un poco más limpio porque los niños se han dedicado a recolectar las bolsas de frituras, los envoltorios de helado, bolsas, botellas plásticas y latas que la red les compra. Esta es la materia prima para hacer bolsos, llaveros, monederos, billeteras, portachequeras, arreglos y recuerditos.

Después de tres años de vender productos de reciclaje el grupo de mujeres se ha dado cuenta que es una actividad loable y bonita pero no rentable. Octavila dice que “la gente se impresiona con el producto pero no lo compran. Valoran que se reutilice el material pero no el trabajo. No hay mercado para este producto”.

Ante la poca venta, a Octavila se le ocurrió vender frutas cristalizadas.

de esa cuenta en el mes de octubre de 2012 participó en una exposición que se organizó en la cabecera de Chiquimula con la idea de indagar si al público le interesa este producto. Octavila está experimentando con el camote en cubos, la papaya verde y el ayote, que “son golosinas saludables. Todas vienen en su bolsita, elaboradas higiénicamente y con su etiqueta”. La idea de Octavila es que las mujeres aprendan y saquen algo productivo.

Para Octavila el ser emprendedora le ha cambiado la vida por varias razones: porque ha conocido y convivido con más mujeres en las giras de capacitación en Huehuetenango, por ejemplo, porque ha puesto en práctica lo aprendido y porque está convencida de que “todos los días se aprende algo nuevo”. Ahora Octavila está recibiendo una tutoría en administración, un paso previo para continuar con sus estudios de licenciatura en educación ambiental.

Blanca Nieves Gómez tiene 55 años y es madre de 5 mujeres y 7 hombres. desde noviembre de 2011 es la presidenta del grupo de 18 mujeres agricultoras de El Astillero, Jalapa. En 1997 recibió por medio de Crisol su primer crédito de Q1,500. Cuando llegó a su casa con el dinero no tenía claro qué hacer. Uno de sus hijos le contó que vendían dos novillos pero querían Q1 mil por cada uno. Pensó que no se los venderían pero el dueño le dijo que solo por “verle el interés y la decencia” se las vendería. Los novillos se volvieron toritos listos para hacerlos “trato”. Así que cambió un toro por una vaca que tres meses después parió una ternera. Luego vendieron el toro por Q3 mil.

Hace unos meses vendieron sus 32 reses con la idea de comprar un terreno para tener más ganado. Blanca Nieves tiene actualmente un crédito de Q30 mil. En 2011 viajó a Panamá a contar su experiencia como mujer emprendedora y por haber ganado el primer lugar como mujer agricultora en Guatemala. Blanca Nieves dice que ella se siente orgullosa y “valorada como mujer, feliz. Me ha hecho sentir con mucho valor que me tendieran la mano”. Añade que ha aprendido a utilizar con responsabilidad los créditos que le han dado durante estos doce años.

Miriam Otzin es originaria de san Juan Comalapa, Chimaltenango. Estudió para Perito Contador porque sus padres no pudieron costearle sus estudios de magisterio. Antes de graduarse en educación media, debía hacer prácticas y su padre buscó fuera de su municipio y la colocó en la fundación Carol Bernhorst, en la que trabajó de 1994 a 2000. A partir de ese año hasta septiembre de 2012, trabajó con Mayaworks, una organización que se ocupa del empoderamiento de mujeres en proyectos productivos.

El hecho de que Miriam hablara kaqchikel le abrió las puertas para trabajar proyectos productivos con artesanías textiles. La experiencia acumulada durante doce años en capacitación, en control de calidad, economía solidaria, en microcréditos, las negociaciones entre productores y compradores y sus visitas a Latinoamérica y Estados Unidos han sido la escuela que ha servido de base para que ahora Miriam, a sus 37 años, tenga su propia marca de artesanías: Miriame.

Miriam comenta que al trabajar por su cuenta no le importa ocuparse los fines de semana o fuera de horario. “A veces en las organizaciones uno no se da cuenta de que ese esfuerzo no es bien recompensado, pero no sólo el reconocimiento económico sino el agradecimiento, que uno vea que su trabajo es valorado”, señala.

Ahora Miriam debe ver todo el proceso de creación de sus artesanías textiles: estudio de mercado, diseño, análisis de precios, entre otros. Miriam sabe que es un proceso en el cual ella corre con todo el riesgo; pero, “el que no arriesga, no gana”. Recalca que su escuela de emprendimiento han sido los doce años de experiencia. “En cada salida siempre vi algo nuevo y me interesaba cada detalle”, añade. Actualmente además está estudiando Administración de Negocios e Informática.

El Centro de desarrollo Empresarial (Cede) de la AGG impulsa desde al año 2000 la difusión del emprendimiento a través de programas de capacitación y de proyectos exitosos como ConstruSueños, Empresaria del Siglo XXI, Emprende Rural, Promoviendo la Formalización Tributaria de las MyPES y Encadenamientos Productivos hacia Cooperativas. de esa cuenta han sido formadas más de 7 mil personas en 21 departamentos. Más información en claraines.gomez@agg.org.gt.

David Casasola, investigador del CIEN señala que en Guatemala el emprendimiento se caracteriza por ser de baja capitalización –por razones de la pobreza– y de bajo nivel de empleo ya que solo el 80% de los emprendimientos genera un empleo más que el del emprendedor. El emprendimiento está ligado directamente con el mercado laboral ya que muchas de las personas que emprenden un negocio lo hacen “porque no hay de otra, para generar ingresos en lo que le sale algo más o porque encontró la oportunidad de su vida”.

Las mujeres, que representan el 53% de los emprendedores en Guatemala, se involucran en emprendimientos porque cuentan con tiempo para atender a la familia, porque son sus propias jefas y porque tienen flexibilidad de horario.

de otra forma, para las mujeres resulta difícil combinar sus actividades de casa con un empleo formal. Es decir que, la obtención de ingresos por medio de sus emprendimientos como venta de comida, de artesanías, reciclaje, entre otros, se convierte en la única forma de obtener ingresos y generar bienestar para ellas mismas y sus familias.

Además, los emprendimientos de las mujeres sostienen durante las épocas de “vacas flacas” cuando su compañero-agricultor no tiene empleo ya que por lo general las agroindustrias donde son contratados tienen ciclos estacionales.

Lo ideal, para darle valor al rol de la mujer en la economía, señala Casasola es la modificación de la legislación laboral para permitir la contratación por tiempos parciales ya que actualmente “no hay ajuste entre las características del mercado laboral con las necesidades de las mujeres”.

AGG capacita al área rural

El Centro de desarrollo Empresarial (Cede) de la AGG impulsa desde al año 2000 la difusión del emprendimiento a través de programas de capacitación y de proyectos exitosos como ConstruSueños, Empresaria del Siglo XXI, Emprende Rural, Promoviendo la Formalización Tributaria de las MyPES y Encadenamientos Productivos hacia Cooperativas. de esa cuenta han sido formadas más de 7 mil personas en 21 departamentos. Más información en claraines.gomez@agg.org.gt.

Casasola señala que el emprendimiento tiene el reto de “ponerle rostro a la mujer emprendedora y valorar su función económica y social hacia dentro de la familia”. Añade que eso no se ha logrado porque la mayoría de encuestas miden el empleo el cual es definido como una ocupación para un hombre que puede dedicarle ocho a diez horas diarias.

Esta es una definición que deja fuera a mujeres como Octavila, Blanca Nieves y Miriam quienes han optado por ser emprendedoras más por necesidad que por oportunidad, pero que también decidieron que podían hacer algo para cambiar su destino.

ROBERTO MARTê N SAMAYOA O.
Periodista Revista GERENCIA
editorialgerencia@agg.org.gt

 

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