Avance tecnológico con talento humano, pero sin inversión

El país cuenta con muchos genios en el mundo de la tecnología, pero la escasez de inversión local en ese tema hace que estos prefieran trascender las fronteras para encontrar apoyo

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La tecnología avanza a pasos de gigante. Los humanos nos beneficiamos de ella, pero también corremos muchos riesgos ante ella. Y aunque muchos países se insertan cada vez con más fuerza en el desarrollo digital, Guatemala, aunque lo pareciera, no lo hace al mismo ritmo. Somos más lentos que otros y si nos preguntamos por qué, la respuesta ideal podría ser: por temor.

Alí Lemus, científico guatemalteco y director de investigación y desarrollo de Ingeniería en Sistemas y Ciencias de la Computación, de la Universidad Galileo.

Sí, nos da miedo lo nuevo. Preferimos que otros experimenten antes, para no ser conejillos de indias expuestos al peligro. Y si de inversión de trata, la diferencia no es mucha. Solemos ser muy conservadores en ese sentido. Los científicos se quejan de ello. Dicen que muy pocos o nadie se atreve a invertir en investigación tecnológica o en proyectos digitales de alto poder. Talento y recurso humano para hacerlo, sobra. Pero muchos han debido salir del país para lograr demostrar sus capacidades.

Dice un entrevistado que, si Luis von Ahn se hubiese quedado en Guatemala esperando apoyo para lanzar Duolingo, este reconocido sistema de aprendizaje de idiomas quizá siguiera siendo solo una idea en la mente de un genio. Esa es una forma de explicar ese miedo a la inversión en tecnología, pues si la idiosincrasia guatemalteca fuera diferente, a lo mejor fuéramos un país con mucho más desarrollo en ese campo.

Quejas de experto

Alí Lemus, un científico guatemalteco y director de investigación y desarrollo de Ingeniería en sistemas y Ciencias de la Computación de la Universidad Galileo, no tiene empacho al reclamar la timidez guatemalteca para invertir en investigación de tipo tecnológico. Lemus reconoce que el avance de la tecnología ha sido veloz y hace analogías como que, si la construcción de vehículos hubiese avanzado a la misma velocidad, hoy día un Rolls Royce costaría centavos. También que con un tanque de gasolina se le podría dar la vuelta al mundo 7 veces.

Hoy en día, mucha de la industria mundial está funcionando a base de la aplicación de soluciones robóticas, que Guatemala podría producir,
pero nuestros avances en este tipo de productos son lentos, porque hay muy poca inversión.

Pero aún con ello, Lemus dice que, en materia tecnológica, en Guatemala no estamos muy atrasados. En programación e internet, estamos bastante bien, dice. Y en calidad educativa, en ese tema, se atreve a decir que podemos compararnos con Estados Unidos o Japón.

Eso lo dice un magister en Inteligencia Artificial, graduado en Japón, por qué allí estudió Lemus y donde también trabajó como investigador para el laboratorio Brainware/ Nanoelectronics. Donde empieza nuestro atraso, reconoce el científico, es en el tema de la inversión. Cuenta que para ser un programador solo se necesita conocimiento y una computadora. Pero para desarrollar otras áreas, como la agricultura, por ejemplo, menciona que hay que hacer una compra y adquisición de equipo. En Alemania, la compañía Bayer ya desarrolla aplicaciones de celular para analizar la calidad de los suelos y saber qué tipo de productos debe aplicarse para lograr la máxima calidad de los productos agrícolas que se van a producir.

Y cuando Alí Lemus nos habla de la Electrónica, dice que estamos atrasados porque nadie se atreve a invertir en los equipos que permitan desarrollar de mejor manera la investigación en este campo.

Mucha industria mundial está funcionando hoy día a base de la aplicación de soluciones robóticas. Y Guatemala podría producirlas, pero nuestros avances en investigación para este tipo de productos son lentos, porque casi nadie invierte en ello. El talento humano existe. Lemus cuenta que, los científicos de su generación están conectados con los más avanzados investigadores del mundo. Es más, ocupan puestos importantes y han ganado premios en la sociedad de investigadores tecnológicos. Sin embargo, todo lo alcanzado es por logros muy personales o por trabajos de equipos humanos pequeños que, si recibieran apoyo financiero para sus investigaciones, seguro podrían acelerar la aplicación de esos avances.

Las investigaciones en materia de inteligencias artificiales son de alto nivel en Guatemala. Han desarrollado equipos que son capaces de reconocer imágenes y describirlas, ya no solo de responder automáticamente por bases de datos a preguntas simples y directas. Analizan basados en la experiencia y la programación que se les aplique. Pero hasta ahí, pues pocos se animan a invertir en mejorar las investigaciones y menos a hacerlo para producir en serie.

El desarrollo de prótesis producidas en impresoras 3D es asombroso en este país. Es más, ya se han puesto a prueba y han sido un éxito. Pero son pocos los casos en los que se ha conseguido respaldo institucional para hacerlo y eso ralentiza el avance de la mejora de los productos, que solo pueden perfeccionarse con la investigación.

Lo bueno y lo malo

No cabe duda de que la tecnología está avanzando. La humanidad cada vez más puede hacer muchas cosas que antes no, ayudados por algún dispositivo. Pero, así como el mundo se beneficia de estos desarrollos tecnológicos, también se corren algunos riesgos, como la posibilidad de disminuir las oportunidades laborales de la humanidad. Entre más avanza la robótica, por ejemplo, más cerca se podría estar de desplazar a los seres humanos de muchas actividades productivas.

 Ser oferentes de
productos tecnológicos
no es difícil, pero aun así
es un futuro
que no se vislumbra
ni en el corto
ni en el mediano plazo.

Carl Benedikt Frey, profesor en la Universidad de Oxford, Inglaterra, comparte los criterios de Espinosa y agrega que el 47 por ciento de los empleos en Estados Unidos están corriendo ese riesgo.Maikel Espinosa, profesor de la Universidad de Miami, mencionaba en una entrevista con Andrés Oppenheimer que el avance tecnológico en la robótica atenta contra muchos trabajadores. Según sus cálculos, en un máximo de 10 habrá disponibilidad de Robots con capacidades para cocinar, entre otras especialidades, dejando así a mucha mano de obra humano sin esas oportunidades.

Es obvio, dice Espinosa, que la industria alimenticia tenderá a utilizar robots, pues se tratará de una sola inversión con mínimos costos de mantenimiento. Ya no tendrá que contratar a varias personas para hacer turnos de horarios que las leyes laborales obligan. Tampoco tendrá que pagar horas extra, ni tendrá que otorgar vacaciones, ni bonos ni nada.

Entre los cálculos mostrados por estos profesionales, destacó también que el 85 por ciento de los vendedores podría desaparecer, para ser sustituido por robots u otros sistemas de automatización. Es más, ambos investigadores universitarios comparten la idea de que el área de la Educación es otro de los campos en los que podría verse un alto nivel de desempleo, pues las máquinas podrán ir ocupando espacios de los humanos.

Claro que, en este campo, según Espinosa no se podrá prescindir nunca de la totalidad de humanos, pues hay áreas del conocimiento que, según él, requieren de un humano para poder trasladarlo adecuadamente, pues exigen
una racionalización que las máquinas no poseen. Espinosa insistió en que las personas deben seguir estudiando aquellas carreras que les atraigan, pues la vocación juega un papel importante en el desempeño de todo profesional.  Sin embargo, tanto él como Frey recomendaron a los estudiantes buscar carreras que hoy día tienen más vínculos con la tecnología y lo digital, pues están generando mayor demanda laboral.


La fotografía muestra un desarrollo

tecnológico en robótica realizado
en la Universidad Galileo de Guatemala.

La inteligencia social es difícil de automatizar, por ello los entrevistados por Oppenheimer advierten que muchos humanos serán insustituibles en sus plazas de trabajo. Pero aún así, es un hecho innegable e impostergable, que muchas plazas se reducirán ante el crecimiento de la tecnología en el área de la robótica.

En sus conclusiones, el periodista laureado por su trabajo de investigación advierte que, al mundo se le viene encima
una revolución laboral profunda. Habrá, según él, que repensar a la sociedad en el tema del trabajo, pues el avance tecnológico es imparable y sus efectos están a la vista, pues ya empiezan a hacerse notar.

Lo cierto, en todo caso, es que Guatemala no parece encaminarse, al menos en el corto plazo, al mundo de la  producción de tecnología. Porque, aunque se cuenta con el recurso humano de talento innegable y requerido en el mundo, se carece de empresarios que confíen en este sector para invertir. Y el Estado, que no ha sido capaz de administrar adecuadamente ni los servicios básicos como la educación y la salud, es quien menos muestras ha dado de abrir espacios para que los talentos locales dejen de buscar fuera del país cómo poner en marcha sus ideas, más bien se enredan en complicaciones de tipo político y cierran los ojos ante la tecnología.

Así, un país en donde los talentos humanos abundan, se dejan escapar para que otras naciones los aprovechen e incentiven sus dotes de creatividad para el beneficio del mundo.

Carlos Morales Monzón
Periodista y Profesor Universitario
cmoralesmonzon@yahoo.com

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